
El día de ayer sentí en carne propia las secuelas del terrorismo, una amiga muy querida Moreliana como yo me pidió la acompañara al centro para realizar unas compras, no quería ir sola ,ya que sentía miedo, después de realizar las compras me invitó a comer, todo transcurría tranquilamente a pesar de que las conversaciones giraban en torno a lo ocurrido el día 15, de pronto empezamos a observar por uno de los ventanales, que comenzaban a llegar vehículos militares, así como camionetas de la policía federal ,ambulancias y bomberos, alarmadas nos levantamos de nuestros asientos, malamente y digo malamente una persona entró diciendo que en el edificio del servicio de correos había una bomba, el edificio queda casi enfrente de donde nosotros nos encontrábamos, por un momento no me pude mover, pero el llanto de una niña aproximadamente de unos 12 años me hizo reaccionar, mire a mi amiga estaba pálida con el rostro desencajado y temblaba, la tome del brazo y prácticamente la jale para salir del lugar, yo sentía lo mismo pero el instinto de conservación y la adrenalina me hizo actuar así, lo mismo hicieron los demás comensales, sentí rabia, impotencia, dolor; como es posible que el ser humano tenga tanta maldad y disfrute viendo el dolor de los demás, todo fue una falsa alarma, dada por lacras que contaminan nuestra sociedad seres sin escrúpulos llenos de crueldad y maldad, mi Morelia no volverá a ser la misma, en los rostros de los ciudadanos se puede ver el temor de transitar por sus calles, de llegar a los edificios públicos, esto no puede seguir así nuestras autoridades deben actuar y no dejar pasar esto como todos los hechos violentos que no han dado seguimiento.
Hay victimas hospitalizadas, hay dolor en los hogares que perdieron un ser querido, pero también hay victimas del terrorismo que caminamos por las calles, exigimos y queremos regrese la paz y tranquilidad a nuestra ciudad.
